Arte y cultura en Oviedo

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Oviedo, capital del Principado, cuenta con un numerosísimo patrimonio cultural, contando con alguno de los ejemplos más representativos del arte asturiano.

Nos consta que este territorio había sido ocupado ya en la Prehistoria, asentándose sus gentes en las cercanías de los ríos y en las cuevas, donde quedaron restos útiles y muestras artísticas. Zonas arqueológicas de gran interés son la cueva de la Lluera I en Priorio, donde se conservan un gran número y magdaleniense. Muy cerca está La Lluera II, que cuenta con signos interpretados como símbolos sexuales femeninos. Otra zona interesante es el abrigo de la Viña en La Manzaneda, donde se encuentran depósitos arqueológicos y grabados en piedra.

Pero la fundación de la ciudad de Oviedo se debe al presbítero Máximo (761), el cual junto con su tío Fromestano levantó una basílica en honor a S. Vicente. Más tarde, 25 de noviembre de 781, se constituye el acta fundacional del Monasterio de S. Vicente, actual Museo Arqueológico. En esta época Fruela I funda una iglesia dedicada a S. Salvador, y más tarde su hijo Alfonso II traslada la corte a Oviedo, donde construye una nueva basílica dedicada al Salvador, donde había estado la levantada por su padre. Este rey consolidó el reino Astur y le da a Oviedo un estilo urbano. En cuanto al ámbito artístico la época de Alfonso II cuenta con nuevos valores estéticos y surge lo que se llamará el Arte Prerrománico Asturiano. Del arte prerrománico en Oviedo se conservan interesantes monumentos, declarados Monumentos Históricos Artísticos, de los cuales han sido declarados además recientemente Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO los monumentos del Naranco, S. Julián de los Prados, la Cámara Santa y Sta. Mª de Bendones.


La Cámara Santa formó parte del Palacio de Alfonso II el Casto. Es una edificación martirial, de dos plantas: la cripta y la capilla superior dedicada a S. Miguel, donde se encuentran las reliquias traídas de Al-Andalus. El piso inferior está dedicado a Sta. Leocadia y está cubierto con una bóveda de ladrillo que arranca de un basamento que recorre todo el piso.
En el superior, la nave fue reformada en el s. XII y se sustituyó la cubierta de madera por una bóveda de cañón reforzada por arcos fajones que descansan en seis columnas dobles, cuyos fustes cuentan con la representación de las figuras de los doce Apóstoles, siendo esta una de las obras maestras del románico español.


La iglesia de S. Julián de los Prados o de Santullano fue construida también por Alfonso II, pero lejos de su palacio y en honor de los santos Julián y Basilea. Esta iglesia extramuros está situada en un núcleo de comunicaciones de origen romano.
Según las crónicas estaría dentro de un conjunto áulico. Esta iglesia es el mayor y más antiguo edificio prerrománico asturiano. El templo de planta basilical de tres naves con crucero y tres ábsides de cabeza cuadrada responde al modelo de las iglesias prerrománicas asturianas. El interior cuenta con una muestra pictórica altomedieval ejemplarmente conservada. Esta iglesia es un ejemplo de belleza tanto exterior como interiormente, donde los frescos dividen el espacio en tres zonas mediante una organización jerárquica que ya se usaba en época clásica tardía.


Alfonso II construye también la iglesia de S. Tirso, que estuvo cerca de las hoy desaparecidas iglesia de S. Salvador y de Sta. María, en el centro del casco antiguo de Oviedo. La iglesia de S. Tirso (hacia el año 812) ha sido transformada en varias ocasiones y de su fábrica prerrománica únicamente queda la parte superior del testero del ábside central, ya que la inferior se encuentra a unos tres metros por debajo del nivel actual de la calzada. En el centro del muro se ve una ventana trífora, formada por dos columnas exentas y dos semicolumnas laterales. Esta ventana presenta similitudes con las de S. Julián de los Prados, S. Pedro de Nora y Sta. Mª de Bendones, también obras de Alfonso II. Esta última se encuentra a unos 5 km de Oviedo, y fue descubierto por Joaquín Manzanares, quien organiza los primeros estudios sobre ella, ya que fue incendiada en 1936. En 1958 comienzan los trabajos de reconstrucción y restauración.

A la muerte de Alfonso II le sucede en el trono Ramiro I (842-850), el cual edifica dos monumentos representativos de la ciudad de Oviedo en la falda del Naranco, que son Sta. María del Naranco y S. Miguel de Liño.

Sta. María del Naranco fue construido como palacio y convertido en el s. XII en iglesia. Este palacio estaría en un conjunto suburbano regio, del que sólo se conservan estos dos monumentos. El palacio está dividido en dos pisos: la cripta cubierta con bóveda reforzada por arcos fajones que cuenta con dos cámaras adosadas a ambos lados del espacio rectangular, y la planta superior compuesta por un gran salón abovedado que cuenta a ambos lados con dos miradores.

En la cripta se abre una puerta que da acceso a una dependencia subterránea de la que se creía serían los baños reales, cosa poco probable puesto que no tiene un acceso de entrada de agua.

Al piso superior del palacio se accede por una doble escalinata, que lleva a un pequeño vestíbulo para entrar en el espacio rectangular, cubierto por una bóveda de cañón reforzado también con arcos fajones. Ambos miradores abiertos a oriente y occidente tienen la misma decoración que la sala principal. La decoración escultórica de este palacio es digna de ver con detalle.

En este periodo ramirense aparece una técnica nueva de cubierta, que sustituye la anterior techumbre de madera, por la bóveda de cañón reforzada por arcos fajones.


S. Miguel de Liño fue consagrada por Ramiro I en el año 848 y nos ha llegado parcialmente conservada, ya que el resto se hundió entre los siglos XII-XIII. Se conserva de su origen el antecuerpo occidental y el primer tramo de la arquería del cuerpo central de la nave. Como consecuencia del hundimiento se realizan numerosas reformas, que llegan a confundir la primitiva configuración, aunuqe se sabe que respondía a la tipología de las iglesias asturianas: planta basilical de tres naves, con cabecera tripartita y un cuerpo de entrada con un vestíbulo sobre el que estaba la tribuna regia.
Mención especial merecen los relieves decorativos, como los de las jambas, cuya talla está inspirada en el díptico consular romano-bizantino del cónsul Areobindus, del 506 d.c.; los capiteles troncopiramidales de tradición bizantina con decoración de motivos visigodos, y unas basas de gran dimensión.

En cuanto a la pintura mural, tenemos en este templo la primera representación de la figura humana en un fresco que se conserva, aunque en estado lamentable, en el arte asturiano.


Alfonso III el Magno (866-910) consolida y fortalece el Reino de Asturias. Entre sus obras destacan en el campo de la orfebrería la Cruz de la Victoria y la Caja de las Ágatas, que se pueden contemplar en la Cámara Santa, y la fuente de La Foncalada, ejemplo del plan urbanístico de esta época. Es la única construcción civil de uso público que se conserva en España de época altomedieval.


A la muerte de este la corte se traslada a León, por lo que se produce el aislamiento político de Asturias (s. X).

En el s. XI la basílica del Salvador junto con la de Santiago se convierte en centro de peregrinaje; en el XIV la Catedral ya comienza a quedar pequeña y comienzan las reformas para su ampliación y renovación, que continuaron a lo largo de los siglos, siguiendo el estilo de cada época.


El patrimonio cultural que podemos ver en Oviedo es numerosísimo. Tendríamos que hablar de edificios emblemáticos como el de la Universidad, el conjunto de Las Caldas, numerosas casas palaciegas, interesantísimas iglesias, el conjunto de La Plaza de El Fontán (derribado y vuelto a construir), etc.


Visitas también obligadas serían las de los distintos museos, como el Museo de Bellas Artes, en el palacio de Velarde y la casa de los Oviedo-Portal, el Museo Arqueológico, en el antiguo monasterio de S. Vicente y el Museo de la Iglesia, en el claustro alto de la Catedral.

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